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'¿A quién va a llamar a declarar el primero?' Los comentaristas de la cadena de televisión demócrata MSNBC- el equivalente de Fox News, sólo que en la izquierda -no se anduvieron por las ramas en la primera entrevista al representante por California Adam Schiff.

Era una pregunta con implicaciones muy claras. Schiff es el 'número dos' del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, entre cuyas competencias está investigar la trama rusa, es decir, la injerencia del Gobierno de Vladimir Putin en las elecciones de 2016 en favor de Donald Trump.

Pero hoy el Partido Demócrata ha conseguido la mayoría en la Cámara. Y, con ella, en el Comité. Devin Nunes, el republicano que ha presidido ese organismo y ha torpedeado la investigación - en ocasiones, en coordinación con la Casa Blanca - cede el puesto a Schiff.

Ésa es la principal consecuencia del triunfo de la oposición en las elecciones a la Cámara de Representantes. Aunque todavía no hay resultados definitivos, los demócratas han recobrado el control de ese cuerpo legislativo, que habían perdido hace 8 años.

Es, también, una victoria sólida. 24 puntos de diferencia a favor de la oposición. La última vez que los demócratas lograron un triunfo similar fue en 2008, cuando Estados Unidos estaba en mitad de un colapso económico, y empantanado en una guerra extremadamente impopular en Irak. Ahora, Trump preside un país con una tasa de desempleo en mínimos históricos y sin problemas de seguridad, por más que el presidente trate de presentar a la inmigración como una amenaza para el país.

Así pues, la derrota republicana en la Cámara, aunque esperada, puede traer consecuencias. Otra cosa es cómo reaccionará Trump. De momento, el presidente ya ha hecho algo inusual en él: llamar por teléfono a la nueva presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, para felicitarla. Considerando que Pelosi fue el principal blanco de los ataques republicanos durante la campaña, y que Trump no se distingue precisamente por su amabilidad hacia sus adversarios, la bien publicitada llamada es todo un gesto.

Con este cambio político, EEUU se preparara para una batalla política mucho más enconada. La posible violación por el presidente de la cláusula de la Constitución que le prohíbe recibir regalos, títulos, o dinero de Gobiernos extranjeros es una de las investigaciones que se abrirán, ya que Trump mantiene el control de sus hoteles y clubs privados.

Está, evidentemente, la trama rusa. Y la posible obstrucción a la Justicia al cesar al director del FBI, James Comey, por investigar ese escándalo. Los demócratas tienen ya un objetivo muy claro: obligar al Departamento del Tesoro a entregarles la Declaración de Hacienda de Trump, el secreto mejor guardado de EEUU después de los planos de la bomba atómica y de la fórmula de la Coca-Cola.

Los republicanos ganan en el Senado

El resultado de esa batalla es incierto. El ex presidente del Comité Nacional Republicano -y enemigo de Trump-, Michael Steele, ya ha advertido: 'Yo aconsejaría a mis amigos del otro lado del espectro político que no sean tan rápidos a la hora de hablar de audiencias, y citaciones, y documentos del IRPF. Porque si lo hacéis, vais a hacerle el juego a Donald Trump'.

Pero, al margen de la Cámara, los republicanos han conseguido un sonoro triunfo en el Senado. En estos comicios se elegía a 34 miembros de esa cámara. De ellos, 23 eran demócratas, 8 republicanos y 2 independientes. Los republicanos han logrado 2 escaños, en Indiana y Missouri. Los demócratas, por su parte, han perdido dos en total a pesar de haber conseguido Nevada.

Eso implica que la mayoría republicana en el Senado, que ahora es mínima (51 contra 49) aumenta a 51 contra 46, lo que va a permitir a Trump poner más jueces conservadores en el sistema judicial estadounidense. De hecho, el gran perdedor de esta noche ha sido el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, que había dado libertad a su bancada para que girara al centro si pensaba que esa estrategia iba a permitirles sobrevivir a los comicios.

En las elecciones a gobernadores, los republicanos también han cedido, pero mucho menos de lo esperado. Mantienen dos estados críticos, Florida y Ohio, aunque han sufrido una derrota inesperada en uno de los territorios más conservadores de EEUU, Kansas. En general, los estados que votaron por Trump en 2016 han vuelto a hacerlo en estas elecciones, a las que dos tercios de los votantes consideraban un plebiscito sobre el presidente.

Eso indica que Trump mantiene en líneas generales el electorado que le permitió ganar en 2016, y que no ha sufrido desgaste en estos dos años. Ésa es otra consecuencia de estas elecciones que va a marcar la agenda política estadounidense en los próximos dos años. Porque hoy, pasados los comicios del Congreso, empieza la precampaña de las presidenciales de 2020.